Archivos Mensuales: noviembre 2014

La mujer de piedra (como la hice)

Era el último día de fotos, luego de casi una semana de trabajar en La Rioja y Catamarca para el libro que estoy preparando sobre desnudo artístico en paisajes naturales. El cansancio se empezaba a notar sobre todo por las muchas horas transcurridas arriba del vehículo para llegar a los lugares previstos, lugares a los que no siempre es posible llegar a tiempo, es decir a la mejor hora para realizar fotos. Esto lo sabía antes de iniciar el proyecto y también sabía que en fotografía de alta montaña con modelos es fundamental trabajar rápido en primer lugar para no exponer a la modelo al frío, viento o sol. Este último quema bastante mas a casi 4000 metros de altura que al nivel del mar.

El viento es otro impedimento a la hora de querer usar iluminación artificial para rellenar las sombras que nos depara la natural en los horarios menos aconsejados, según comenté. Ni pensar en usar sombrillas porque se vuelan y los flashes de estudio sufren demasiado con la arena, la solución que decidí aplicar fue llevar dos flashes de mano con sus respectivos synchro, flashes que eran manipulados por asistentes por lo que dije de la velocidad necesaria en hacer las fotos… Cuando estás en medio de la nada (léase montaña, desierto, camino de ripio) y debes hacer muchos kilómetros para llegar al hotel, no puedes arriesgarte a que te sorprenda la noche o una tormenta. Mucho menos arriesgar a las modelos.

Abreviando, esta foto fue la última de casi 500 tomas obtenidas en una semana y la hicimos en un lugar de las sierras de Córdoba denominado “Los túneles de Chancaní”, casi en Los Gigantes, la cadena montañosa mas alta de esa provincia. Lo que se ve abajo es La Rioja y el camino por el cual llegamos a Córdoba. Nos faltaban muchos kilómetros para llegar a Tanti donde haríamos noche antes de emprender el regreso a Buenos Aires por lo que había que ser muy rápido, para variar…

La luz ya estaba muy baja y aunque agradable en temperatura de color, algo de la sombra del árbol de la izquierda caía sobre el cuerpo de la modelo por lo que una asistente sostuvo un Speedlite 580 con un difusor a unos tres metros de ella desde una posición muy baja con el doble fin de rellenar las sombras y dibujar mejor las piedras del ripio. Detrás de la modelo se ve un espacio de luz en el balcón pero debajo había casi 1500 metros de caída libre por lo que sin duda preferí la solución del flash… ella también.

Revisé la toma en el display como hago habitualmente (si algo no me gusta borro al instante, no acostumbro a llenar tarjetas con fotos defectuosas porque luego se pierde mucho tiempo en bajarlas y en seleccionar las buenas) y me pareció correcta y con muy buena luz.

Llegado a mi estudio y viéndola en un monitor de 24 pulgadas (que es muchísimo mas que las 3 pulgadas del display de la cámara) noté con horror que la luz del flash había generado sombra detrás de los brazos  y una piedra delante, dada la posición baja, una sombra en una rodilla.

Descarté la foto por bastante tiempo pero no la borré porque a veces a las fotos hay que dejarlas madurar, como al buen vino y si no la borré al momento de hacerla es difícil que lo haga cuando las descargo. Hoy después de bastante tiempo di con esta toma y se me ocurrió “rescatarla” … pensé “ya que hay tanta piedra delante de la modelo por que no intentar seguir la textura en el cuerpo?…”

Esta es la historia de “La mujer de piedra” título para nada original sin duda… hasta la próxima nota!

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Víspera de tormenta (como la hice)

Últimamente algunas personas que ven mis fotos me preguntan detalles sobre la misma, desde como la realicé a como hago para elegir y trabajar en locaciones con un tema como el desnudo.  Es evidente que a ningún fotógrafo le gusta hablar sobre su obra ya que la misma debe hablar por si misma, por aquello de que “una imagen vale mas que mil palabras”, frase dicha por el chino del supermercado que no deja de ser completamente cierta…  como sea, no me parece mala idea dar algunos tips que puedan ser usados por fotógrafos aficionados y de los otros, para mejorar sus fotos.  De eso se tratarán mis artículos de ahora en mas, breves consejos que bien podrían titularse “como la hice..” pero que van a llevar el título de la foto en cuestión.

En este caso quise juntar mis dos pasiones fotográficas, desnudo femenino y casas abandonadas, para mi un contrapunto perfecto. Con Paola Herrera, amiga y colega en esto de hacer imagenes salimos muchas veces a buscar locaciones por todo el partido de Pilar y mas allá… y una tarde dimos con este lugar.

Estaba alejado unos cien metros de una ruta poco transitada los fines de semana y el pasto alto impedía el fácil acceso de paseantes y curiosos.  La construcción moderna y luminosa quedo varias veces bajo las aguas del río Luján y luego fue víctima del vandalismo por lo que solo quedaron en pie las paredes. Lugar soñado para mis fotos!!!

Esa tarde hicimos solo unas tomas documentales esperando el día propicio para la foto con la modelo. Yo quería una tarde con el cielo completamente nublado, ya que las nubes hacen las veces de filtro natural suavizando las sombras.  El día y la noche anterior a la toma que hoy presento había llovido, pero a la mañana dejó de llover aunque las nubes pesadas no se abrían, el día perfecto había llegado.  En poco mas de una hora coordiné con la modelo, que a esta altura es casi una musa ya que su ductilidad y disposición hacen que algunas fotos salgan naturalmente a la primera toma. Aclaro que lograr esto con una modelo es la panacea de cualquier “voyeur” –todos los fotógrafos lo somos.

Lo demás es simple, llegar al lugar y trabajar rápido. En exteriores no se tiene la comodidad del estudio y hay que pensar en que la modelo se sienta a gusto. No es recomendable realizar desnudos en locaciones con una modelo con la que no hayamos trabajado antes en estudio.

El estudio da la seguridad y confianza necesarias de ambas partes para encarar proyectos fotográficos mas ambiciosos.

“Víspera de Tormenta” forma parte de una serie que habla con nostalgia del abandono y destrucciones que no siempre tienen que ver con lo edilicio.

El reencuadre, un error contundente

La posible definición de reencuadrar en fotografía puede postularse de la siguiente manera: reencuadre es la selección de una parte de la imagen para convertirla en un todo. Podemos decirlo de una manera distinta y mucho más realista: se trata de intentar conseguir que una foto mediocre o directamente mala, sea al menos salvable recortando todo el sobrante que distrae la atención y que no se tuvo en cuenta en el momento de oprimir el obturador. Ya comenté en una nota anterior que al momento de encuadrar la toma con un equipo digital, debemos proceder de la misma forma que lo haríamos con una cámara de película.  Miremos la imagen, definamos sus posibilidades de acuerdo a nuestro criterio creativo y obturemos recièn cuando nos conforme lo que veamos por el ocular o en la pantalla LCD. Si no procedemos así y disparamos sin dedicar un mínimo de tiempo a la composición suponiendo que en definitiva con la computadora “todo se arregla” , lo nuestro posiblemente no sea la fotografìa sinó el diseño gráfico.

Es evidente que podemos arreglar un horizonte caído y recortar parte del cielo o de la tierra y hasta aislar a nuestro modelo de un entorno distractivo mediante el recorte, pero estaremos perdiendo píxeles al hacerlo. Esta pérdida tal vez no sea muy relevante si no pensamos ampliar la fotografía obtenida pero puede ser crucial si pensamos hacerlo. Por ejemplo, supongamos que disparamos con una cámara de siete megapixeles y nos damos cuenta que lo único que nos interesa de la imagen es el nido de hornero que se ve en la copa de un árbol. Recortamos entonces el nido, dejando fuera parte del árbol, del cielo y hasta la casa que se veía a un costado y obtenemos una imagen final reencuadrada de unos 800×600 pixeles totales con el motivo que nos interesaba. Ahora vamos al laboratorio y al pedir una copia nos dicen que es imposible ampliar a más de 9×13 cm con esa calidad ya que es casi la misma obtenida con la camarita de un teléfono celular. Ven a lo que voy.

Un recurso válido si nos quedamos cortos con la focal óptica de nuestra cámara y debemos acercar más el motivo para aislarlo del entorno es utilizar el zoom digital. Este sistema trabaja por interpolaciòn de imagen, es decir que amplía la que recibe el sensor CCD, mermando la resolución de la misma pero sin perder megapíxeles que pueden ser necesarios para la ampliación. Este acercamiento digital es el equivalente a ampliar una imagen mediante un programa de edición gráfico como Photoshop. La operación de ampliación digital no modifica ningún parámetro como profundidad de campo  o perspectiva pero de todas formas no es aconsejable salvo situaciones extremas por la poca calidad que presenta la foto resultante. El motivo de la baja calidad es que al ampliar una porción pequeña de lafotografía se amplía proporcionalmente el ruido captado por el sensor.

En síntesis, acostúmbrense a tomarse el debido tiempo para componer la imagen, con la práctica esta se generará en el cerebro y solo se llevará la cámara a los ojos cuando esté seguro que tiene “la foto” precisa en el “momento” justo. La composición es uno de los factores principales que diferencia a un fotógrafode otro, no es un tema menor y si nos acostumbramos a “recortar” con la computadora nos estamos engañando a nosotros mismos que fallamos en el momento preciso donde la simple presión del dedo fija una instante para siempre. Puede ser que hoy existan muchas más personas que hagan fotografías, lo que es seguro es que no hay muchos más fotógrafos.

Si desea contactarse conmigo puede escribirme a walterbelfioreph@gmail.com

Desnudo artístico en exteriores

La dificultad de realizar este tipo de fotografías  no parece tan evidente pero sin duda tiene sus bemoles. En un estudio podemos controlarlo todo, empezando por la luz y en exteriores eso es prácticamente imposible.

A veces viajamos muchas horas para llegar a una locación prevista para la sesión  y no tenemos la luz adecuada, o hay viento, hace frío, hay mosquitos y demás cuestiones casi imposibles de predecir en el trabajo de campo, a eso sumémosle el cansancio de la modelo y equipo en general por el viaje o la altura.

Lo único que salva al fotógrafo que se dedica a este estilo es el profesionalismo y dedicación puestos por la/s modelos/s que tiene que ver un poco también con la confianza que le despierta el artista y cierta empatía, sin la cual es imposible encarar proyectos así.

Tuve la suerte de trabajar con modelos a las que no les importaba ni la altura –hicimos fotos a 4300 msnm-, ni el frío, calor o tormentas de arena… Obviamente  si las condiciones son demasiado riesgosas  soy el primero en negarme a hacer fotos pero ellas igual suelen insistir y esto tiene un nombre PASIÓN por lo que hacen.

Con estas modelos me gusta trabajar, no hablo de modelos de riesgo, me refiero a mujeres que no les importa exponerse al sol ardiente algo mas de lo indicado ni tragar arena en una tormenta mientras yo busco “la toma”. Modelos naturales que sin maquillaje mantienen una elegancia altiva a lo Newton.

Trabajar en estudio es fácil, en alta montaña o exteriores no tanto y por tonto que parezca algunos piensan todo lo contrario diciendo “No cualquiera tiene un estudio”… Hoy si, armarse uno no es algo tan complicado y las fotos de estudio saturan la red. Armar una sesión en exteriores, llegar a esos lugares, soportar algunas incomodidades  como la altura, frío, calor, viento y encima lidiar con la luz natural que no siempre es la mejor, trabajar con flashes remotos, pantallas reflectoras que se vuelan… y así y todo planear la toma, la mejor pose, créanme no es para cualquiera y no me refiero al fotógrafo, sigo hablando de las verdaderas heroínas de este tipo de fotos, las modelos que aportan todo de si.

Esta nota está dedicada a Ludmila y Noelia, que entienden bien a lo que me refiero.

¿Por qué hago desnudo artístico?

También podría titular este post  “La razón por la que fotografío traseros” pero me pareció un poco fuerte para empezar y de todas formas voy a explicar ambas cuestiones ya que muchas personas me preguntan el porqué en mi cambio de estilo. Para todos lo que me lo preguntaron: amigos, alumnos y para mis lectores, intentaré una respuesta, se la merecen por la paciencia que me tienen …

Desde hace mas o menos cinco años años empecé a incursionar en el desnudo artístico, tímidamente en principio, no por el desnudo en si, sinó mas bien porque no sabía si estaba a la altura del tema, ya que mi obra anterior se basaba en retratos, paisajes y grandes caserones antiguos completamente vacíos, abandonados y derruídos.

Qué me llevaba a fotografiar bellos paisajes solitarios y casonas abandonadas?? Por qué me fascina todo lo que sea antiguo??… siendo que no necesariamente todo tiempo pasado fue mejor – lo se por experiencia propia-… La respuesta era el ansia de preservar para la posteridad lo que indefectiblemente iba a desaparecer, ya sea bajo el avance de una topadora o por el mismo crecimiento demográfico y en nombre de la civilización. Campos inmensos de trigo o girasoles abiertos al sol y un arbolito solitario torcido por el viento era lo que me conmovía por el simple hecho de saber que esa imagen era finita como la vida misma. No había espacio para la figura humana en mis obras de esa época porque no me había percatado de algo fundamental… nosotros también vamos a desaparecer y tal vez mucho antes que mi arbolito torcido por el viento.

Empecé a hacer retratos de forma compulsiva, quería robar el alma del retratado y preservarlo para siempre y me di cuenta de otra cosa: Hacer un retrato consiste mayormente, en representar un rostro o un busto en un entorno familiar o neutro, el rostro  es la parte del cuerpo más expuesta, la más visible y la mas empleada en la vida social, tan empleada que se ha convertido en una máscara hipócrita a la que obligamos a expresarse según nuestra voluntad. Puede reir aunque esté triste, mostrar interés aunque se muera de aburrimiento o ser de piedra cuando está hirviendo de pasión.

” Por esta razón es que empecé a interesarme en el desnudo y en breve sólo en los traseros. Efectivamente es la parte más protegida, la mas secreta, la que conserva la inocencia infantil que las miradas o las manos perdieron hace tiempo. Es también la parte del cuerpo plásticamente mas conmovedora (en las mujeres obviamente). Hecha de redondeces y promesas, es la parte que recuerda, siempre orientada al pasado cuando nosotros avanzamos irremediablemente de frente, y la que contempla el camino recorrido, como los niños que se pegan a la ventana trasera del auto y van soñando con el camino que pasa sin preocuparse del destino del viaje.

Los traseros son tan distintos como las personas, algunos puramente funcionales, que sólo sirven para sentarse, estos no me interesan para nada porque además  suelen parecerse a la cara de sus propietarios. Otros son neutros, no dicen nada, son realmente aburridos. Finalmente nos encontramos con los traseros elegantes, casi aristocráticos, que sobrepasan su función subliminándola y se convierten en objetos de arte, en obras maestras, milagros de la naturaleza. Esos son los que me gusta fotografiar, para conservar eternamente sus curvas prodigiosas antes que el paso del tiempo los estropee como lo estropea todo…”
Ya ven, no es un gran cambio el mio en realidad, es seguir queriendo preservar la belleza que ya no estará… Si mis imágenes tienen algo importante que decir a las generaciones futuras es esto:  Estuve aquí. Existí.  Fui Joven.  Fui feliz. Y a alguien en este mundo le importé lo suficiente para que tomara mi foto.