Archivos Mensuales: noviembre 2015

Componiendo la imagen con el corazón, disparando con la cabeza

La inmediatez de la fotografía hace que a veces se olvide lo esencial que pasa por tomarnos el tiempo necesario para agudizar la percepción. Una imagen tomada una y mil veces de un mismo lugar adquiere otra fuerza si el fotógrafo “se demoró” a la espera del momento justo.

Otras veces por el contrario la foto surge fugaz ante nuestra mirada y debemos tener toda la preparación técnica ya bien asimilada para apuntar y disparar sin perder el “instante decisivo”. Hacer fotografía debe convertirse en un acto reflejo casi como respirar.

No hagamos fotos para agradar a nadie, hagámosla para que nos guste en primera instancia a nosotros mismos ya que si no logramos eso de poco sirven los halagos que cosechemos ni los premios que ganemos. Si trabajamos duro y nos gusta lo que hacemos, si no imitamos a nadie, si somos originales y nos guía la pasión no podemos fallar.

Conozco mucha gente con títulos y varios premios en su haber que trabajan sólo bajo la consigna de “seguir la moda”, no respeto en absoluto eso, los grandes maestros de la fotografía siguen vigentes aún hoy, y al realizar su obra no estaban siguiendo nada más que el dictado de su corazón, ni pensaban en perpetuarse. Los  que trabajan siguiendo tendencias van a desaparecer y es una suerte que lo hagan en beneficio de este arte al que aún hoy muchos le quieren negar su espacio bien ganado.

Suelo repetir que no por tener lápiceras se es escritor, porque si así fuera y debido a la gran proliferación de cámaras digitales en todos los hogares, hoy tendríamos millones de grandes artistas nuevos de la imagen y no es asi.

Considero que la palabra fotógrafo debe tener la misma importancia que la palabra escritor.

Muchas veces mirando una foto derramé una lágrima de emoción o me quedé petrificado o admirado por lo que la capacidad de asombro sigue intacta, buenas noticias sin duda para quién cree haberlo visto todo, vivido todo, y estar de vuelta… nada tan incierto. Sigo aprendiendo y me sigo emocionando con la mirada de otros, miradas que ajustan y afinan la mia propia ya que por definición soy un tipo que vive desenfocado de la realidad que sólo soporta a través de la mirada de ese rectángulo pequeñito llamado ocular. Lo sé porque además me lo dijeron … no tan sutilmente.

Aprendamos todo lo que podamos sobre fotografía pero no olvidemos lo fundamental que es “descubrir la imagen” saber mirar el entorno cotidiano sin ataduras ni autocensura. El mundo es una gran cuadrícula cambiante y el arte del fotógrafo radica en saber tomar el rectángulo preciso de esa cuadrícula, en el momento justo. La técnica es sumamente importante si la preceden el corazón y el sentimiento, sinó no vale absolutamente nada ya que lograremos fotos  “perfectas” técnicamente que no digan nada y de esas ya existen millones.

Recordemos que el arte –como la vida- está en la mente del espectador.
© Walter Belfiore

“Tal vez la mayor belleza de una foto esté en lo que se niega a decir. Para empezar, la foto omite la presencia del fotógrafo, que se sitúa siempre, o casi siempre, fuera del cuadro, como un cazador a la espera de su presa. El objetivo de la caza no son las figuras incluidas en la foto ni tampoco lo que hay más allá de ellas, sino nosotros, ahora. El objetivo de la caza somos las personas que miramos, sin saber desde qué lugar de la realidad el fotógrafo esta apuntándonos, desde qué punto exacto del pasado. La foto ha suspendido el tiempo. Pero nosotros somos el tiempo. Ha creado una historia, pero nosotros somos, de algún modo, esa historia. Al apretar el obturador, el fotógrafo cree haber visto algo que merece ser inmovilizado en un pequeño fragmento de eternidad. Lo que él ve, sin embargo, no es siempre lo que se ve. Entre el movimiento de su índice y el pestañeo del diafragma se oye, durante una fracción de segundo, la respiración del azar. Sin el azar, la foto no sería lo que es. Los buenos fotógrafos son los que aprenden a domesticar ese azar, adivinando lo que va a suceder dentro del cuadro en el relámpago, que media entre la presión de su dedo y el ojo de la cámara que se abre.”

Henry Cartier Bresson

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Laurent Baheux, África en blanco y negro

Para Laurent Baheux, “África es una tierra de luz y contrastes”, por lo que su obra es en blanco y negro, y nunca se ha planteado publicarla en color. Sus dramáticas tomas de grandes mamíferos, frecuentemente primerísimos planos, reflejan toda la intensidad de la vida salvaje, su carácter y a la vez su fragilidad.

Laurent Baheux es un fotógrafo autodidacta francés, nacido en Poitiers en 1970.

Su foco principal son los grandes mamíferos africanos, fotografiados en blanco y negro, con fuertes contrastes.

«Es verdad que me encantan los grandes mamíferos: el elefante, el rinoceronte, el búfalo, la jirafa, la cebra … pero el león es el más impresionante debido a su carácter, su fuerte personalidad. El depredador más fuerte de África es el rey de la selva y que es evidente en todo lo que es o hace. África sin leones ya no sería África.»

En 2003, durante una visita a Tanzania, comenzó su obra personal sobre la vida salvaje; su belleza, fuerza, dureza y gran fragilidad. Escogió el blanco y negro, con sus juegos de sombras, luz y contrastes, para inmortalizar escenas raras y efímeras de la naturaleza, intentando constantemente sublimar a los animales para capturar la magnificencia de sus actitudes, la emoción de su mirada… A través de esta auténtica búsqueda, Laurent busca mostrar la vitalidad de esas especies mientras aún están vivas, aunque más amenazadas que nunca, y la inmensa riqueza que representan para el planeta.

Laurent acompaña y apoya las obras de organizaciones que trabajan por la protección de la naturaleza y la preservación de la biodiversidad. Desde 2013 apoya las acciones del Programa Ambiental de las Naciones Unidas (UNEP), como Embajador de Buena Voluntad para la muestra “Salvaje y Preciado”, organizada en colaboración con la fundación GoodPlanet, en el 40 aniversario de la Convención sobre el Tráfico Internacional de Especies Amenazadas (CITES)

Ha comprendido que sus imágenes pueden ayudar a crear conciencia pública sobre la importancia de preservar y proteger la vida salvaje.

«Mi padre me enseñó acerca de la naturaleza cuando yo era muy joven, en paseos por el campo.”

“Mi jornada fotográfica empieza antes del amanecer. Luego vamos a buscar lo que podría estar sucediendo a nuestro alrededor. En África hay una población animal densa en algunos territorios protegidos de los humanos. Aquí es donde tiendo a ir a buscarlos. Durante el encuentro trato de capturar momentos de la naturaleza, algo que puede parecer relativamente simple, pero son completamente mágicos, al menos ante mis ojos. A menudo estamos hasta el atardecer, cuando llego a casa, tomándome mi tiempo, con las imágenes en la cámara y en mi cabeza.»