Archivos Mensuales: marzo 2017

El pensamiento fotográfico – por Walter Belfiore

También podría haber titulado esta nota “La toma de decisión al momento de oprimir el obturador” y esto puede llevar a pensar en encuadres y otras cuestiones que exceden este artículo. Tampoco hablaré aquí de la “mirada fotográfica” que se tiene o no se tiene y que es sencillamente la capacidad de ver la “foto” donde posiblemente otros no la vean.

Aprovecho a aclarar en este punto que la mirada fotográfica puede desarrollarse perfectamente con el simple hecho de mirar mucha fotografía  (nada de selfies ni de fotografías de celular), hablo del trabajo de los grandes maestros del arte fotográfico, y de la posibilidad de domesticar la mirada luego de mucho observar y estudiar el trabajo de estos artistas gracias a la facilidad que hoy nos brinda internet para acceder a imágenes, muchas veces descatalogadas, o que sólo es posible admirar en museos y galerías de arte.

Sabiendo que no hablaré de la construcción de la imagen creativa en si,  ni de las musas y cómo vienen a nuestro auxilio en el momento de “ver la foto” –eso da para otro artículo un poquito mas extenso-, me centraré en lo que considero el pensamiento fotográfico o la toma de decisión al elegir qué parámetros usar para cada situación previamente y en una fracción de segundo, ya que de eso se trata la fotografía… de la rapidez para capturar eternamente un instante mínimo y fugaz.

Los que tomaron cursos de fotografía saben que es mala palabra utilizar el modo automático en una cámara réflex moderna -me niego a decirle digital, ya es hora de aceptar que el sensor ha suplantado muy bien al acetato y los haluros de plata-, esa frase fue repetida una y mil veces por profesores o incluso por conocidos y amigos que la escucharon y repiten. Por supuesto, estoy de acuerdo totalmente en que nunca se debe dejar el control de la situación a la cámara (modo automático) ya que somos nosotros y nuestra idea previa los que debemos “decidir” qué parámetros utilizar –ajustar- de acuerdo a factores varios que tienen que ver con la luz imperante, con el fondo, con el movimiento o con la estaticidad del motivo a fotografiar.

Por mi parte, el único automatismo que me permito es el enfoque puntual. Me gusta ver el puntito rojo y escuchar el peep de enfocado en el preciso lugar que yo elijo, para luego sin soltar el obturador, componer la fotografía final y seguir el recorrido del dedo hacia abajo para capturar la imagen. Contado así tiene algo de erótico y sin duda para mí lo es.

 

Los fotómetros de luz reflejada que tienen todas las cámaras sirven apenas de referencia ante la realidad cambiante de una situación lumínica en la vida real, pero sirven sin duda para darnos un punto de partida y no empezar a ciegas.

Cuando fotografío retratos en la calle suelo medir la luz de la palma de mi mano, teniendo en cuenta que la luz que refleje sea similar a la que incida sobre el rostro que fotografiaré, de esta forma llegado el momento no perderé la espontaneidad de nuestro modelo ante mediciones y configuraciones que nada aportan, y que además, impiden concentrarme en lo importante: captar el instante decisivo. Las mediciones ante los modelos son muy poco profesionales (teniendo en cuenta que estamos realizando fotoreportaje y no nos serviría perder el tiempo realizando ajustes) y molestos por lo que a fuerza de práctica debemos lograr parametrizar lo menos posible, llevarnos el ocular a los ojos solo para componer y disparar. La luz debemos dominarla de antemano.

Cómo decidir qué parámetros usar lo indicará el motivo a fotografiar, es muy sencillo y daré algunos ejemplos:

Una persona corriendo me está diciendo que la elección prioritaria es la de obturación, ya que mediante la velocidad que elija, lograré congelar ese movimiento. Si tenemos un cielo nublado de día (la mejor condición posible para realizar fotos porque las nubes hacen de filtro natural, suavizando las sombras duras), una obturación de 1/200s en un objetivo de 50mm es más que suficiente para capturar el instante, ya que en esa condición podremos trabajar con un diafragma de f8 y 100 ISO. Si estamos hablando de fotografiar una maratón y queremos congelar la situación, dispararemos a 1/500s y como la profundidad de campo del f8 nos gusta subiremos el ISO a 400 ó 600 (las modernas cámaras soportan muy bien sensibilidades de hasta 2000 sin mayores problemas).

El diafragma f8 nos da una gran profundidad de campo con un objetivo de 50 mm, sobre todo, si el motivo no está muy cerca, por lo que si queremos desenfocar un fondo molesto o confuso debiéramos aislarlo, abriendo el diafragma a un f1:8 por ejemplo, y como en este caso entraría mucha mas luz a nuestro sensor en lugar del 1/500, del primer ejemplo posiblemente deberemos disparar a 1/2000s.

Hay que tener en cuenta que la velocidad mínima de obturación para disparar con la cámara en mano (sin trípode) dependerá también de la focal empleada, ya que no es lo mismo utilizar una velocidad de 1/15s en un angular de 18mm, a utilizar esta misma velocidad en un teleobjetivo de 400mm. Les aseguro que mientras el angular “absorbe” la vibración ocasionada por el espejo de la réflex, el teleobjetivo la magnifica.

Como regla orientativa podemos decir que la velocidad de obturación para trabajar con cámara en mano debe ser 1/longitud focal –teniendo en cuenta que el valor de la misma depende del factor de multiplicación o recorte del sensor para una velocidad “segura”.  ya Bien sabemos que un 50mm en una Full Frame es un 50 mm real pero en un sensor APS-C esta focal se multiplica por 1.5 ó 1.6, es decir, que la focal real sería en estas cámaras de 75 a 80mm. Es decir, si tenemos un objetivo 18-105 en una APS-C en realidad tenemos una focal de 27-157mm (en Níkon porque en Canon el factor es 1.6). O sea que si disparamos en la focal máxima de 105mm la realidad es que lo estamos haciendo en una focal de 157 por lo que la velocidad de obturación no debiera ser menor en este caso de 1/150s. Si disparamos en 18mm, lo estaremos haciendo realmente en 27mm por lo que la velocidad mínima indicada de obturación para evitar vibraciones sería 1/30. En Full Frame 100mm es 100mm por lo que para disparar con esa focal estaría bien una obturación mínima de 1/100s. Todo esto es teoría pura, con práctica van a ver que las velocidades para trabajar, cámara en mano, pueden ser menores dependiendo del pulso, de la práctica, de los objetivos estabilizados y de la manera de sostener la cámara…

Otra forma de eliminar fondos molestos si fotografiamos una persona corriendo es haciendo el famoso barrido para lo cual usaremos velocidades de 1/15s o menores, siguiendo al sujeto en la carrera y obturando sin dejar de seguirlo ni detener la cámara cuando obturamos. Lograremos así, imágenes de mucho dinamismo y acción con el protagonista nítido y el fondo barrido. Claro que disparar a velocidades lentas significa compensar con diafragmas mas cerrados, o filtros de densidad neutra (de los que no hablaré en esta nota.)

Una buena imagen incluso puede estar totalmente movida y aún así transmitir mucho, pero es necesario que lo movido no se interprete como un error al momento de la toma si no como una elección del fotógrafo… es fácil: si hacemos imágenes movidas que estén bien movidas sin que deje de entenderse qué es lo que fotografiamos. Si lo están apenas, la mente las asocia automáticamente a un error o desenfoque.

Cuando fotografiamos paisajes ya no tenemos problemas con la cinética, ellos están allí inmóviles para nosotros e incluso nos permiten elegir la mejor hora para fotografiarlos (al amanecer o atardecer en donde la temperatura de color es cálida y la luz converge lateralmente dándoles profundidad). En este tipo de fotografía, por lo general, se requiere de diafragmas cerrados que nos permitan lograr mucha profundidad de campo para tener foco desde un par de metros hasta el infinito. Veremos que aquí la prioridad al elegir el parámetro principal es justamente el diafragma y no la velocidad, diafragma que rondará entre el f/8 al f/32, siendo por lo general, un f/16 más que suficiente.

Ahora bien, imaginemos un paisaje al atardecer, en ese instante denominado “hora azul” donde las luces empiezan a encenderse, si estamos en una ciudad, pero aún hay rastros de luz en el cielo. Un diafragma f/16 para obtener mucha profundidad de campo nos obligaría a trabajar con velocidades de hasta 1 segundo de exposición a ISO 100, por lo que el trípode se vuelve un accesorio imprescindible si no queremos fotos movidas. Podrán pensar que la solución es elevar el ISO a 1600 o más y así hacer la foto a mayor velocidad de obturación con la cámara en la mano, pero un ISO elevado genera ruido, sobre todo en sensores pequeños, y el ruido en paisajes no suele quedar nada bien.

Ni hablar de la fotografía nocturna donde muchos piensan erróneamente que se utilizan sensibilidades ISO muy elevadas y diafragmas muy abiertos… nada de eso. En nocturnas el secreto es el tiempo de exposición. Sabemos dos cosas aquí: seguimos necesitando mucha profundidad de campo, o sea que optamos por un f/11 (por poner un ejemplo) y necesitamos, también que el sensor reciba mucha luz porque es de noche, digamos 30 segundos de exposición. El ISO a lo sumo lo ponemos en 400 o lo dejamos en 100 y en todo caso alargamos o acortamos el tiempo de exposición… (aclaro que la fotografía nocturna es una técnica especial que requiere de muchísima práctica y lo aquí expuesto es un sencillo ejemplo nada más como para desmitificar algunos conceptos que no suelen estar muy claros).

Para finalizar diría que es necesario conocer previamente lo que vamos a fotografiar, la fotografía de deportes, de calle, periodística y de fauna suelen tener cosas en común que hacen que debamos adelantarnos a la acción. La fotografía de paisajes, por el contrario, nos permite la meditación de la toma al igual que la de retratos en estudio.

El pensamiento fotográfico nos llevará a la elección correcta de cada parámetro y sabremos cuándo es necesario priorizar la velocidad, cuándo el diafragma y cuándo la sensibilidad ISO. Todas son decisiones que tomamos nosotros en base a lo que queremos conseguir y por cada elección tenemos dos parámetros que ajustaremos casi sin pensar a fuerza de práctica.

No existe fotografía que no pueda lograrse mediante la combinación adecuada de obturación, diafragma e ISO.

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El reencuadre, un error contundente -por Walter Belfiore

La posible definición de reencuadrar en fotografía puede postularse de la siguiente manera: reencuadre es la selección de una parte de la imagen para convertirla en un todo. Podemos decirlo de una manera distinta y mucho más realista: se trata de intentar conseguir que una foto mediocre o directamente mala, sea al menos salvable recortando todo el sobrante que distrae la atención y que no se tuvo en cuenta en el momento de oprimir el obturador. Ya comenté en una nota anterior que al momento de encuadrar la toma en una cámara con sensor digital, debemos proceder de la misma forma que lo haríamos con una cámara de película.  Miremos la imagen, definamos sus posibilidades de acuerdo a nuestro criterio creativo y obturemos recién cuando nos conforme lo que veamos por el ocular o en la pantalla LCD. Si no procedemos así y disparamos sin dedicar un mínimo de tiempo a la composición suponiendo que en definitiva con la computadora “todo se arregla”,  lo nuestro posiblemente no sea la fotografìa sinó el arte digital (sin menoscabo alguno por este arte)

Es evidente que podemos arreglar un horizonte caído y recortar parte del cielo o de la tierra y hasta aislar nuestro punto de interés de un entorno distractivo mediante el recorte, pero estaremos perdiendo píxeles al hacerlo. Esta pérdida tal vez no sea muy relevante si no pensamos ampliar la fotografía obtenida pero puede ser crucial si pensamos hacerlo. Por ejemplo, supongamos que disparamos con una cámara de doce megapixeles y nos damos cuenta que lo único que nos interesa de la imagen es el nido de hornero que se ve en la copa de un árbol. Recortamos entonces el nido, dejando fuera parte del árbol, del cielo y hasta la casa que se veía a un costado y obtenemos una imagen final reencuadrada de unos 800×600 pixeles totales con el motivo que nos interesaba. Ahora vamos al laboratorio y al pedir una copia nos dicen que es imposible ampliar a más de 9×13 cm con esa calidad ya que es casi la misma obtenida con la camarita de un teléfono celular común. Ven a lo que voy…?

Ni hablar si trabajamos con cámaras que posean sensores APS-C ya que al ser bastante mas pequeños que los sensores Full Frame nos limitan mucho mas cualquier recorte futuro en el revelado digital o post-proceso.

En síntesis, acostúmbrense a tomarse el debido tiempo para componer la imagen en forma precisa de forma que llene todo el cuadro, con la práctica la “la foto” y el “momento” justo se verán antes de llevarse el ocular a los ojos.

La composición es uno de los factores principales que diferencia a un fotógrafo de otro, no es un tema menor y si nos acostumbramos a “recortar” en la edición nos estamos engañando a nosotros mismos que fallamos en el momento donde la simple presión del dedo fija un instante para siempre. Puede ser que hoy existan muchas más personas que hagan fotografías, lo que es seguro es que no hay muchos más fotógrafos y esto puede deberse justamente a ese pensamiento erróneo “-…Total lo arreglo en la computadora…”