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El regreso a la cámara oscura… o a la fotografía

Si la gente coleccionara fotografías en lugar de equipo se vería mucha mas fotografía de calidad en lugar de tantos fotógrafos “profesionales” con fotos que no dicen nada. No reniego de la tecnología en absoluto pero escucho muy frecuentemente comentarios como “-voy a comprarme una full frame porque mi cámara no tiene buena calidad”, y en verdad no sería una frase molesta si quién la dice tuviera una vieja Kodak Instamatic pero no… la escuché esta semana dos veces y una de las personas que la pronunció tenía una Canon 80D y la otra una Nikon D7100. Les aseguro que no se referían al tamaño de ampliación (siendo que las dos cámaras citadas permiten ampliar a tamaños que rara vez son necesarios).

Una cámara de alta gama no asegura mejores fotos y esto lo vivo repitiendo desde hace mucho en mis cursos y en algún otro artículo.  Lo único que asegura mejores fotos es la creatividad que se tiene o no se tiene, y si no se tiene se puede “adquirir” educando la mirada, observando la obra de los verdaderos Maestros del arte fotográfico. Entiéndase Maestro a aquel artista ya consagrado cuya obra está en museos y en libros, me estoy refiriendo a Brassai, Atget,Lartigue, Bresson, Koudelka,Helmut Newton, Sieff, por poner solo algunos ejemplos.

Se imaginan a Cartier Bresson cargando una mochila con cuerpos de cámaras, flashes, objetivos, filtros y demás?…. El solo cargaba un par de Leicas como mucho. Brassai y Eugene Atget fotografiaron París (el primero de noche y el segundo de día) con viejas cámaras de cajón, cuyo negativo o sensor era una placa de vidrio bañado en colodión líquido. Bresson fue muy criticado por empezar a usar “cámaras de juguete”, ese era el concepto que se tenía a principios del siglo XX cuando se trabajaba en 35mm, un nuevo formato que hizo mucho más fácil obtener instantáneas sobre todo en zona de guerra, cosa que dejó bien en claro otro grande: Robert Capa.

Suya es la frase “Si tus fotos no son buenas es que no te has acercado lo suficiente”, evidentemente no era un paparazzi fotografiando con un 600mm porque además de no contar con ópticas así tenía muy claro que al estar cerca se captan las expresiones como no puede hacerlo un teleobjetivo. El fotógrafo contemporáneo de guerra James Natchtwey, es otro que trabaja por lo general con ópticas normales de 50mm siendo que tiene toda la parafernalia tecnológica a su disposición. Además eso de andar cambiando objetivos es mas acorde al trabajo en estudio que en exteriores ante condiciones climáticas (o sociales) que no suelen ser las ideales. Sencillamente se pierde tiempo y en fotografía esto se traduce en perder la foto.

Todos los fotógrafos nombrados y muchísimos mas, que no nombro porque necesitaría un libro entero,  trabajaban con una o dos cámaras, generalmente telemétricas y de 35 milímetros,  eran artistas que sabían exactamente lo que querían y lo que necesitaban para obtenerlo. Iban detrás de la fotografía perfecta con un equipo mínimo, que conocían minuciosamente,  y esa es la clave de todo fotógrafo que quiera dedicarse a crear imágenes que transmitan algo.
No sabían de histogramas ya que no existían, no les importaban las hiperfocales porque sabían perfectamente que profundidad de campo les brindaba la óptica con determinado diafragma ya que conocían su equipo al dedillo. Los fondos quemados lo usaban de manera creativa para separar el motivo, si hacían moda iluminaban con luz continua directa (nada de snoot, panales, softbox o sombrillas).

Para finalizar, no estoy diciendo que volvamos a las cámaras oscuras de la era de Brassai, donde el obturador era simplemente una tapa que el fotógrafo quitaba durante el tiempo que considerase necesario para exponer correctamente la placa, nada de eso… Intento simplemente dar a entender que en un mundo desbordado de imágenes obtenidas con casi cualquier dispositivo electrónico y donde todos pueden captarlas se está perdiendo la esencia de la verdadera fotografía que es transmitir una idea o concepto en forma directa y sencilla sin necesidad de tanto equipo.

Elijamos las cámara que mas nos guste y un par de objetivos luminosos de buena calidad  y cuya distancia focal se adapte al estilo de fotografía que nos interese y con eso hagamos fotografía. No nos dejemos engañar con los megapíxeles o el tamaño del sensor porque vivimos en el mundo de la nanotecnología en donde de verdad y de manera irrefutable… el tamaño no es importante.

© Walter Belfiore

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No importa la cámara, importa la foto

La fotografía se convierte en arte cuando podemos dejar de lado cuestiones técnicas que por supuesto deben ser dominadas con anterioridad al disparo.  Lo verdaderamente importante es lograr transmitir el mensaje que queremos y los tecnicismos al momento de la toma atentan contra la concreción de ese objetivo al igual que el exceso de edición de una fotografía.  Una analogía podría ser el escritor que de tanto corregir utilizando la facilidad que le brinda la tecnología, pierde el impulso original, ese impulso que en un primer momento le hizo utilizar una palabra que luego ante múltiples modificaciones fue sustituida por lo políticamente correcto, perdiendo con ello en muchos casos la espotaneidad, y eso se nota.

No dudo que el exceso de edición puede generar obras magníficas donde el autor igual logra expresar una idea surrealista o no pero hay que saber diferenciar al artista fotógrafo del artista digital.

Henry Cartier Bresson salía a fotografiar con su Leica como única herramienta de expresión, a lo sumo llevaba dos si estaba cubriendo un reportaje, lo mismo se puede decir de Jeanloup Sieff quién afirmaba que el exceso de análisis mataba las emociones  y ni que hablar de Brassai que salía a fotografiar las callecitas de París de noche, solo acompañado por su cámara de cajón.

Lo intuitivo suele prevalecer en la fotografía artística pero suele haber honrosas excepciones como la del Maestro Pedro Luis Raota, tan criticado por elaborar demasiado sus tomas. El decía:
“Un fotógrafo imagina una imagen, y si esa imagen no existe, la creará como un director de cine…”
Convengamos que aún en este caso la imagen ya estaba en la cabeza del autor y basta con ver la obra de este fotógrafo para darse cuenta que armadas o no, Raota decía con sus fotos lo que quería y todo el mundo lo entendía.

Me desvié un poco del concepto original de este artículo en donde pretendo explicar que vale mucho mas saber mirar el mundo que conocer absolutamente todas las reglas de composición o estar pendiente del último lanzamiento en equipo fotográfico.  La mejor cámara con el mejor objetivo no nos servirá de nada si nada tenemos para decir, si no sabemos descubrir el momento justo –ese del que hablaba Bresson-,  si no podemos discernir cual es la mejor calidad de luz o si tal o cual imagen debe ir mas o menos contrastada a efectos de dramatizarla o no.
Los grandes Maestros de la fotografía no andaban por la vida cargando mochilas aparatosas llenas de “periféricos”, iban livianos, mirando y viendo, que no son sinónimos créanme.

A los principiantes les digo que no se vuelvan locos por los equipos, elijan una cámara con la cual se sientan cómodos, que puedan llevar a cualquier lado (porque deberán hacer muchísimas fotos y ver muchísimas mas de otros autores para educar la mirada). Elijan un objetivo de la mejor calidad posible que cubra un rango focal no demasiado grande ya que estos últimos no tienen buena calidad. Es preferible un 18-105 (en un sensor APS-C) que un 18-200 ya que este último no rendirá bien ni en 18 ni en 200. Si van a comprar su primera réflex digital no se dejen engañar por los vendedores ni la publicidad, hay dos marcas que se pueden comprar tranquilamente Canon y Nikon, Nikon y Canon, todo lo demás son copias de desarrollos de estas dos grandes empresas… Por supuesto no estoy hablando ni de Leica ni de Hasseblad… estas cámaras merecen notas aparte.

Si no hacen naturaleza o deportes no gasten fortunas en un teleobjetivo. Si les gusta el retrato, el desnudo artístico, el reportaje social… con un 18-105 en APS-C ó un 24-70 en full frame, van sobrados.  Un flash?… solo si hacen sociales.

La mejor luz es la que nos brinda la naturaleza, solo hay que aprender a utilizarla, eligiendo la mejor hora (y calidad lumínica) y aprendiendo algunos trucos para filtrarla y convertir una luz dura de sol en suave. Los días nublados, contra lo que suele creerse son los mejores para hacer fotos en exteriores porque las nubes hacen de filtro natural evitando sombras duras. Incluso la noche abre un mar de posibilidades creativas, no me crean a mi, pregúntenle a Brassai…